Historia de la escolarización obligatoria

España

En España la escolarización obligatoria es implantada el 9 de septiembre de 1857, con la llamada ley Moyano, aunque quien la redactó no fue Claudio Moyano, encargado de su aprobación, sino un importante abogado y en ese momento Ministro de Fomento del gobierno liberal bajo la monarquía de Isabel II, Manuel Alonso Martínez, que además de esto, fue el que redactó el Código Civil Español. La ley Moyano era su nombre popular, pues realmente era la ‘Ley de Instrucción Pública’. Se organizó la enseñanza en tres niveles: enseñanza primaria, la enseñanza media, y la superior en las universidades (esta última controlada totalmente por el Estado).

Leyes posteriores irían ampliando la edad hasta la que era obligatorio permanecer en la escuela. Con la Ley General de Educación de 1970, se pasó a los 14, y con la LOGSE hecha durante el gobierno de Felipe González, hasta los 16. Actualmente es obligatoria la escuela hasta esa edad.

Francia

En Francia Jules Ferry, ministro de Instrucción Pública entre 1879 y 1883 durante la Tercera República, hizo leyes para garantizar la libertad de reunión, prensa, asociaciones o divorcio. Sin embargo su acción política más importante fue implantar el sistema prusiano de enseñanza, llamado sistema de educación pública, laica y gratuita, siguiendo además las ideas de algunos filósofos de la Ilustración como Nicolás de Condorcet. Hizo una ley para crear escuelas de magisterio que entrenasen a profesores laicos, excluyendo por completo a las organizaciones religiosas, y para que dicha enseñanza fuese obligatoria tanto para niños como para niñas. Jules Ferry era un ardiente defensor del imperialismo francés y organizó la enseñanza para convencer a toda una generación de franceses de que debían a toda costa recuperar la región de Alsacia-Lorena, que habían cedido a los alemanes tras la guerra franco-prusiana, y creía que los franceses tenían la misión de civilizar a las razas inferiores en otros lugares del mundo, lo que justificaría la creación de colonias francesas en África (el Congo, Níger, Túnez…).

El famoso escritor Víctor Hugo fue también uno de los que apoyaron esta introducción del sistema prusiano, ya en 1850 en su “Discurso sobre la libertad de enseñanza” decía:

“Yo quiero, lo declaro, la libertad de enseñanza; pero también quiero la vigilancia del Estado, y como yo quiero esta vigilancia efectiva, yo quiero el Estado laico, exclusivamente laico.

Yo quiero, lo repito, la libertad de enseñanza bajo la vigilancia del Estado y no admito que para ejercitarla sean llamados hombres que tienen sobre todo intereses prácticos.”

Así que debemos suponer que el Estado carece de intereses prácticos. Víctor Hugo al igual que más tarde Ferry, pensaba que descartar las enseñanzas religiosas y poner todo el sistema en manos del Estado garantizaba la libertad, una contradicción, pues la libertad debe ser para todos, y no solo para los que siguen unas directrices emitidas por el Estado.

China

Hay que remontarse al comienzo del siglo XX, donde hay en China un conflicto llamado ‘la rebelión de los Yuhetián (Puños Rectos y Armoniosos) que fue el primer conflicto bélico del siglo XX. Las naciones extranjeras occidentales, desde la primera guerra del opio, habían estado causando derrotas militares y obteniendo concesiones humillantes para el imperio chino, quien trataba de defenderse de condiciones injustas. La presencia de los extranjeros y su capacidad de comercio en China era grande en 1900. El emperador Guangxu, de la dinastía Qing, muy joven con solo 16 años, estaba rodeado de consejeros que querían introducir cambios enormes en el país para hacerlo similar a los países industrializados occidentales. Una muy importante fue la llamada reforma de los 100 días. Estas eran las reformas a llevar a cabo en bloque:

– Implantar la escolarización obligatoria.
– Modernizar el sistema tradicional de exámenes.
– Que la monarquía dejara de ser absoluta y fuera constitucional con una ‘democracia’.
– Rápida industrialización a través de la manufactura, el comercio y el capitalismo.
– Reforzar el ejército.

Pero estas reformas no llegaron a cumplirse ya que la emperatriz Cixi dio un golpe por el cual ella tomaba el mando y el joven emperador sería encerrado entre los muros del Palacio. La emperatriz no solo tenía el apoyo de los Bóxers, a quienes favoreció inmediatamente con leyes para protegerles y ayudarles, sino de la élite tradicional del país. Comienza entonces una guerra en la que ocho países occidentales se unen para derrotar a los chinos e imponerles condiciones aún más duras y lucrativas (estas condiciones se conocen como Protocolo Bóxer).

Tras la derrota, la emperatriz Cixi tuvo que retomar la reforma de los 100 Días. Hacia 1911, cuando estalló la revolución de Xinhai, ya había 60.000 colegios en funcionamiento, que empleaban también el método prusiano.

Japón

La primera vez que Japón permitió la entrada y el comercio con los occidentales fue en 1853 cuando el comodoro Mathew Perry, de Estados Unidos, llegó allí con cuatro barcos y venció militarmente a los habitantes del archipiélago, quienes vivían en plena época feudal. Tras una serie de conflictos (las guerras Botsin, la rebelión Satsuma, etc) el país inició una era de “modernización” acelerada esto quiere decir que eliminaron gran parte de su cultura y la cambiaron por la occidental, en modo de vestir, comercio, construcciones, ejércitos, educación, etc. Fue lo que se llamó la restauración Meiji. Los oligarcas o personajes importantes de la era Meiji viajaron al extranjero con el fin de absorber toda la información que podían de países occidentales para asimilarla e implantarla en su país. En lo que se refiere a la educación, destacó la misión Iwakura. Así, a partir de 1868 el modelo prusiano comenzó a introducirse a marchas forzadas.

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